Drogó y violó a más de 60 mujeres, pero se cree inocente.

Tras las rejas y a los 83 años, el actor amado durante décadas por millones, no se arrepiente ni se siente culpable de los abusos. En 2018 fue la primera celebridad de Hollywood en ser sentenciada en la era del #MeToo. Cómo vive en prisión y las charlas motivacionales que le da a los internos

Bill Cosby se niega a asistir a los grupos de rehabilitación para agresores sexuales que ofrece el Correccional de Máxima Seguridad de Phoenix donde cumple sentencia a diez años desde 2018 por drogar y violar a la ex basquetbolista Andrea Constand.

“No tengo que tomar ningún curso, porque soy inocente. Hacerlo sería una admisión de culpabilidad”, le dijo a su vocero, Andrew Wyatt, el único visitante al que el comediante recibe en la cárcel.

Es otra determinación en la que, quien en los años 80 logró que la historia de una familia negra de clase media se convirtiera en el show más visto de la televisión durante cinco temporadas consecutivas, no parece dispuesto a claudicar:no quiere que la suya –su mujer por 57 años, Camille, y sus hijas, Erika, de 55, Erinn, de 54, y Evin, de 44– lo vea degradarse dentro de su uniforme de presidiario.

Amado durante décadas por millones que llegaron a conocerlo como el “padre de América”, a los 83 años, el actor tampoco renuncia al ejercicio de ese supuesto rol paternal. Cosby, que siempre se presentó a sí mismo como un modelo de progreso para los afroamericanos, encontró en la cárcel un público ideal y cautivo para su mensaje.

Son centenares los que ya lo han escuchado en los encuentros motivacionales del programa Mann Up para empoderar hombres negros, donde es un asiduo orador. La mayoría se convenció de que es un preso político, pero también de que su supuesto martirio sirvió para que pudiera cumplir una misión superior.

Si alguna vez Bill Cosby fue un ícono de la cultura pop que representaba valores tan positivos como el ascenso social y la integración racial, la tapa de la revista New York en la que, en 2015, 35 mujeres lo acusaron públicamente y se animaron a contar sus historias de abuso, lo reveló como emblema de otra cara de esa cultura: la que las había silenciado y les había dado la espalda durante cinco décadas. Esa portada se convertiría a su vez en un símbolo del cambio de época, un signo de la unión de las mujeres que alzaban su voz en todo el mundo. Las víctimas, decía el título de la nota de Noreen Malone, habían dejado de tener miedo

Un año antes, un pasaje del show del standupero Hannibal Buress en el que hablaba de Cosby se había vuelto viral: “Va a la tele y nos dice a las personas negras: ‘Súbanse los pantalones… Les puedo hablar desde arriba porque tuve una sitcom exitosa.’ See, bueno, pero violás mujeres, Bill Cosby, así que bajá la locura un par de decibeles… Supongo que solo quiero que les resulte raro ver las reposiciones de The Cosby Show. ¡La imagen de ese tipo es de teflón! Es una mierda, pero cada vez que digo esto, el público cree que lo estoy inventando…”.

Buress no estaba diciendo algo nuevo, solo lo estaba diciendo en otro momento: hacía ya una década que 14 mujeres habían acusado al comediante de violación. Constand –que conoció a Cosby cuando trabajaba en el departamento de atletismo de la Universidad de Temple, de la que él era consejero.

Cortesía: Infobae

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